



Vista de las ruinas del Ministerio de Finanzas y el antiguo "Palais des Ministeres". En este espacio funcionaban diferentes entes gubernamentales. Destruido por terremoto del 11 de enero del 2010 y un gran incendio, en los días fue saqueado y hoy un gran grupo de hombres de 10 a 40 años lo desmontan completamente reciclando todos sus materiales (ladrillos, bloques, vigas, etc.)

Desde temprano en la mañana hasta el caer del sol un grupo de entre 4 y 10 recicladores intentan recuperar todos los materiales de construcción del antiguo Palacio de Ministerios. Dorelus Wilmer "Masowa" (24) y Joseph Snuld "Tiga" (22) trabajan de lunes a lunes sin ningún tipo de seguridad sobre las ganancias del día (aprox. 2 dólares por 8 a 10 hrs de trabajo).

Dejados de lado por un gobierno tan en ruinas como el mismo Ministerio, los jóvenes recicladores (muchos incluso menores de edad) arriesgan su integridad física y mental en un trabajo sin instrumentos apropiados, sin medidas de seguridad y sin ninguna supervisión organizada.

Los jóvenes suelen protestar sobre las condiciones en las cuales trabajan, sin ser oídos por ningún ente del gobierno. Dicen que ellos realizan un trabajo duro y riesgoso que el estado debería organizar y pagar para que sea llevado a cabo.

Algunos de los trabajadores se roposan mientras otros recicladores de la zona intentan recuperar los restos de los restos de lo poco que van dejando a su paso los distintos grupos de trabajadores.

Sylver Deonville (33), organiza los ladrillos recolectados durante una semana de trabajo junto a 8 compañeros.

Paul Sonnel (16) es uno de los muchos menores de edad que de manera intermitente pasan a visitar las ruinas del Ministerio. Muchos jóvenes e incluso niños, alejados de la educación y del trabajo formal pasan el día reciclando para subsistir y ayudar a sus familias. Algunos perdieron a sus padres durante el terremoto del 11 de enero de 2010, que dejó cerca de 250000 personas muertas y un número indeterminado de desplazados, huérfanos y personas sin techo.

Luego de la jornada de trabajo Sylver (33), su primo Fritz Gerald (26) y Emmanuel Nikson (22) se lavan en un charco de agua estancada detrás del Palacio en ruinas. Gran parte de la población carece de agua potable y las medidas de higiene y salubridad suelen ser mínimas lo que ha facilitado el avance de enfermedades como el cólera.

Alrededor de toda la ciudad de Puerto Príncipe es posible encontrar grandes edificios en ruinas donde recicladores improvisados intentar recuperar materiales para la construcción. Aquí en la zona de Delmas reciclan los restos de lo que era un consultorio médico y una tienda de teléfonos móbiles.

Junto con los edificios, las casas y las miles de vidas también se perdieron datos personales, documentos de identidad y propiedad y todo tipo de papeles que cuentan y demuestran la historia personal dejando la situación de gran parte de la población en un limbo jurídico.

En las colinas que bordean la ciudad de Puerto Principe crecen gran cantidad de barrios improvisados muchas veces sin los servicios mínimos de agua y electricidad. En estos asentamientos el terremoto y las tormentas junto a los años de abandono de las muy diferentes e inestables políticas han causado estragos en el nivel de vida de la población. Hoy viven entre escombros y casitas zinc y carton improvisando una y otra vez para subsistir cada día.

Luchando por sobrevivir y aún sin levantar completamente la cabeza luego de la catástrofe de 2010 muchas familias se han visto obligadas a interrumpir la educación de sus hijos (una escuela puede costar más que un sueldo mínimo mensual) los cuales pasan la jornada entera en el barrio.

De regreso en su casa luego de la jornada de trabajo Fritz Gerald (28) observa las casas de su barrio en el sector de Carrefour Feuille. Proveniente de una familia de más de 10 personas y donde sólo él y su primo Sylver trabajan, la alimentación familiar representa un duro reto diario.

Batiste Manauli (17) iintenta recuperar ladrillos completos golpeando con una bisagra sacada de la misma columna. Con los medios más precarios y sin el más mínimo equipamiento niños, jóvenes y adultos recuperan ladrillos, vigas de metal y hasta las piedras producto del derrumbe de este importante edificio público.

De vuelta en el Ministerio de Finanzas donde cada día hay más trabajadores y queda menos material que reciclar haciendo la jornada más dura y la ganancia mínima (muchas veces menos de 3 dólares al día).

Entre columnas, muros y pisos completos los recicladores buscan la manera de recuperar la mayor cantidad de material posible, muchas veces a riesgo de recibir los escombros sobre ellos mismos.

Chaldenert (20) y Dalbeton (17) desmontan lo poco que queda del segundo piso del Ministerio de Finanzas. De esta inmensa estructura reducida a escombros muchas personas sacan lo que pueden para sobrevivir y alimentar a sus familias.

Masowa y Fritz Gerald luego de una discusión grupal por el dinero incompleto de la venta semanal. Por una semana de trabajo cada uno ha recibido unos 20 dólares menos Fritz y su primo Sylver por lo que Masowa les ofrece darles su parte del pago ya que sabe que Sylver tiene un hijo pequeño y que comparten su vivienda con unos 10 familiares más.

Luego de cargar un camión completo con piedras recuperadas de los muros del edificio del Ministerio de Finanzas tadavía queda un poco de energía para un poco de diversión. Un camión como este lleno de piedras paga unos 3000 gourdes haitianos es decir unos 15 dólares para 4 o 5 trabajadores.

Al final de la jornada Masowa fuma el "joint del descanso" como él mismo lo llama, acompañado de otro colega reciclador.

Chaldenert (21) y Batiste (17) descansan luego de una larga jornada de reciclaje entre escombros. Al final de la semana habrán logrado vender unos 20 dólares por persona por más de 60 horas de trabajo.